La historia de Balón Tokio / Crónica

Espíritu resiliente

Balón Tokio es más que takoyaki: es una historia de emprendimiento en Madrid hecha a base de decisiones valientes. Un incendio, la pandemia y un reto financiero enorme marcaron el camino… y también la forma de levantarnos. Esta crónica habla de resiliencia de verdad: moverse, conectar y reinventarse.

Nota editorial 

Traducción al español y reproducción con autorización. Se han realizado ajustes menores de estilo sin alterar el contenido.

– Reportaje original: medio de negocios japonés (15 de noviembre de 2025, en japonés).
– Reproducción y traducción al español con autorización.
– Autoría: reservada a petición del autor y/o del medio.
– Traducción: Balón Tokio.
– Maquetación web: realizada por encargo para Balón Tokio.

1

Madrid, 21:00: “Volvimos a estar en positivo”

“A las 21:00, cuando debería haber ruido… solo se oye la plancha.”

Estamos en Balón Tokio, una tienda especializada en takoyaki en pleno centro de Madrid. Son las 21:00, hora punta de cena en España. Sin embargo, el local está en silencio. Solo una pareja española ocupa una mesa al fondo.

—Cada vez que venimos recordamos los takoyaki que comimos en Japón. A veces se nos antojan… y volvemos —dicen.

Balón Tokio cumple ocho años en 2025 y, desde el principio, llamó la atención: fue rentable desde el primer día y apareció en medios como EL PAÍS. Por momentos, parecía la típica historia de éxito rápido.

Pero esta calma tiene otra cara: hubo un incendio, llegó la pandemia y la deuda terminó creciendo hasta 20 millones de yenes. Con ese pasado encima, la frase que viene ahora no suena a pose, sino a alivio.

Sobre la plancha caliente, los takoyaki giran sin parar. Las manos de Ryuta Ichinohe (32) se mueven con soltura: pincha, gira, vuelve a girar, como si el tiempo no existiera.

“Por fin hemos vuelto a estar en positivo.”

Balón Tokio es una prueba de algo incómodo pero real: en redes, una marca puede parecer siempre en ascenso; en la realidad, el camino casi nunca es lineal. Y la historia de Ryuta es exactamente eso: una crónica de golpes, decisiones y reinvención constante.

2

De Tokio a Madrid:
del fútbol al takoyaki (historia del fundador)

“El plan era el fútbol. El destino: Madrid.”

Antes de ser empresario, Ryuta soñaba con convertirse en futbolista profesional. Nació en Machida (Tokio) y empezó a jugar al fútbol en primaria. Estudió en un instituto con tradición competitiva, donde se formaron jugadores profesionales.

—Entrené más que nadie —dice.

Pero su físico no le acompañó como esperaba y no consiguió atravesar la estrecha puerta del profesionalismo. Aun así, decidido a seguir vinculado al fútbol, durante las vacaciones de primavera tras graduarse del instituto realizó un mes de intercambio futbolístico. En la universidad, pidió a sus padres un año sabático y se fue a España.

Su meta, en realidad, seguía siendo fútbol:

Empezar un pequeño negocio, expandirlo como cadena y, con ese dinero, crear un equipo de fútbol.

Incluso el nombre lo deja claro: “Balón” significa “pelota” en español, y “Tokio” hace referencia a la capital de Japón. Fútbol y Japón, juntos.

Fue entonces cuando unas palabras de su padre marcaron su destino:

—Mientras seas estudiante, puedo enviarte dinero. Pero cuando entres en la sociedad, no puedes decir que vives del dinero de tus padres para jugar al fútbol. Consigue al menos una fuente de ingresos para sobrevivir en España. Piensa en eso y decide si realmente puedes vivir allí.

Su padre, que mientras trabajaba estudió de forma autodidacta y a los 45 años obtuvo el título de asesor fiscal, tenía amplia experiencia apoyando a emprendedores. Creía que, para exigir esfuerzo a un hijo, primero debía demostrarlo con hechos. Por eso fue especialmente estricto con la independencia de su hijo.

Influenciado por ello, Ryuta había pensado desde niño que probablemente acabaría emprendiendo algún día.

3

Abrir una tienda de takoyaki en Madrid sin experiencia

“Pequeño, barato, vacío… y perfecto para empezar.”

Una vez en España, Ryuta comenzó a buscar esa “fuente de ingresos” de la que hablaba su padre y se fijó en la restauración. Uno de los motivos principales era sencillo:

—Recibes dinero a cambio de un “gracias”.

Su experiencia en hostelería se limitaba a trabajos a tiempo parcial en izakayas y restaurantes españoles durante su etapa estudiantil. De todo lo que sabía cocinar, lo único en lo que realmente confiaba era el takoyaki.

—En aquel momento, Madrid vivía un boom japonés y había muchísimos restaurantes japoneses, pero no existía ninguna tienda especializada solo en takoyaki.

Desde su llegada a España en 2015 hasta la apertura del local pasó aproximadamente un año y medio. Mientras asistía a una escuela de idiomas, recorrió restaurantes japoneses de Madrid y hablaba con sus dueños para pedirles consejo. Mucha gente le ayudó con sinceridad.

Incluso pudo seguir jugando al fútbol gracias a que un periodista deportivo japonés que conoció en Madrid le presentó a un equipo.

Para una estancia prolongada en España se necesita visado. ¿Cómo lo consiguió?

—Primero vine con visado de estudiante y después obtuve el visado de emprendedor, pero fue increíblemente difícil. Contraté abogados e hice todo lo que pude por mi cuenta, pero no lo aprobaban. Al final, cuando mi padre habló con la embajada, a los dos días enviaron los documentos necesarios y el visado fue concedido.

El capital inicial fue de 60.000 euros (unos 8 millones de yenes al cambio de entonces). Pidió préstamos a su familia y alquiló un pequeño local con una renta mensual de 1.500 euros.

Y entonces llegó su apuesta —simple y arriesgada a la vez—:

 

La clave fue que era pequeño, asequible y estaba vacío.

No estaba en una zona de mucho tránsito, pero pensé que no importaba. Si ofrecía takoyaki barato, la gente vendría.

Y acertó de pleno.

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4

Takoyaki, TV y colas: el éxito que parecía imparable

“Cuando te para la gente por la calle, crees que ya lo lograste.”

¡Lleno absoluto desde la inauguración! Los clientes entraban uno tras otro pidiendo takoyaki.

—Al principio no paraba de venir gente. La rotación era altísima y me limité a no parar de cocinar. Después, las ventas siguieron creciendo sin parar.

La fórmula tenía detalles muy concretos. Ofrecía 20 piezas por 10 euros, un precio excepcionalmente bajo para España, y vendía cerveza de barril de un fabricante que solo tenían dos o tres locales en Madrid. Pequeñas ideas que marcaron la diferencia.

El equipo fue aumentando hasta llegar a 5 o 6 empleados en los mejores momentos. Y la facturación mensual crecía de forma constante.

El éxito atrajo la atención de numerosos medios: desde EL PAÍS, hasta programas de televisión japoneses (donde él mismo apareció en numerosas ocasiones como comentarista sobre España) y el reality español “First Dates”.

—Me paraban por la calle con frecuencia —recuerda.

A ojos de todos, era un joven empresario exitoso. En marzo de 2019 abrió un segundo local en la estación de Atocha, una de las principales de Madrid. Confiado por el éxito del primero, aspiraba a crear un negocio que funcionara incluso sin su presencia, con vistas a la franquicia.

Todo iba viento en popa… hasta que su vida empresarial dio un giro oscuro.

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Medios, entrevistas y más miradas sobre Balón Tokio.

Línea de tiempo (2017–2025)

2017 — Abre Balón Tokio (primer local)
2019 — Segundo local (Atocha)
2020 — COVID-19: cierres y deuda
2023 — Cierra el segundo local
2025 — Cocina central + congelados

5

Incendio en el local: “El sótano no lo cubre el seguro” (el golpe inesperado)

“Una llamada. Y todo cambió.”

—¡La tienda se está quemando!

La llamada repentina de un empleado lo dejó en shock. Ryuta estaba trabajando en el segundo local cuando corrió hacia el primero. Al llegar, vio camiones de bomberos y una multitud alrededor del establecimiento.

〈Se acabó…〉 pensó.

El primer piso estaba intacto. Pero el sótano había quedado completamente calcinado. Al parecer, el incendio se originó en una pequeña máquina de hielo.

Cuando llamó al seguro, recibió una respuesta que no esperaba:

“El sótano no está cubierto por el seguro.”

Negoció, insistió, preguntó. Nada cambió. Quizá el idioma jugó en su contra; quizá la letra pequeña. El resultado fue el mismo: tuvo que pagar las reparaciones de su bolsillo.

Y cuando todavía no había terminado de asumirlo, al año siguiente llegaría un golpe aún mayor: la pandemia.

6

COVID-19 sin ayudas: la deuda de 20 millones de yenes (España 2020)

“Sin ayudas. Sin dormir. Sin salida aparente.”

En marzo de 2020, España decretó confinamiento total. Los restaurantes tuvieron que cerrar. Pero a Ryuta le ocurrió algo especialmente cruel.

Justo acababa de abrir su segundo local y había modificado el registro de la empresa. Ese nuevo registro, por un detalle de requisitos, no cumplía las condiciones para recibir ayudas gubernamentales.

—Me quedé helado. El banco hizo todo lo posible por investigar, pero no había subsidios disponibles. Lo único que podía hacer era endeudarme.

Todo el dinero que había ganado desapareció. Mes tras mes, los números se hundían. A su alrededor, otros empresarios sí recibían apoyo.

—¿Por qué solo a mí…?

Dejó de dormir. Cuando se dio cuenta, la deuda había crecido hasta alrededor de 20 millones de yenes.

“Cuando estaba solo, lloraba todos los días.”

Pensó en cerrar, volver a Japón, incluso en declararse en quiebra. Pero una idea lo frenaba:

—Sentía que así no podía terminar.

7

Repartir takoyaki: cuando ayudar te salva a ti (reparto solidario)

“Dar takoyaki fue también pedir aire.”

Incluso su padre, que hasta entonces lo había apoyado, fue duro:

—Si te rindes aquí, es que no tenías lo necesario.
—Al menos podrás morir en la España que tanto amas. Yo recogeré tus huesos.

En la desesperación, Ryuta recordó frases que había escuchado de personas exitosas:

—Todo en tu vida tiene sentido.
—Nosotros también lo pasamos fatal al principio.
—Verte esforzarte nos da ánimo.

Y resonó una idea que su padre le repetía desde niño: “La gente se reúne alrededor de quien se mueve y actúa.”

—Tengo que hacer algo…

Así nació la idea de repartir takoyaki a personas desempleadas y en situación precaria. Como no podía abrir el local, tenía tiempo de sobra. Usó excedentes de stock y fondos obtenidos mediante crowdfunding, y colaboró con iglesias y organizaciones para repartir comida junto con takoyaki.

—En realidad, era yo quien necesitaba ayuda. Pero tenía stock, y pensé que era mejor hacer algo que no hacer nada.

“Que te digan ‘gracias’ termina salvándote a ti mismo.”

Gracias a esa iniciativa, otros restauradores le propusieron comprarle takoyaki y surgieron oportunidades que, más adelante, se conectarían con su negocio vinculado al fútbol.

Reparto solidario durante los meses más duros de la pandemia: comida y apoyo para quienes lo necesitaban.
8

Ocho años después: lo que ganó fue “resiliencia” (eventos, congelados y cocina central 2025)

“No es resistir. Es moverse, cambiar y volver a empezar.”

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Balón Tokio en Matsuri Barcelona, apostando por los eventos como nueva vía de ventas.

En esos años, Ryuta no solo intentó sobrevivir. También empezó a ampliar su mundo. Basándose en su propia experiencia, creó un negocio de agencia para estancias futbolísticas en el extranjero.

—Sinceramente, yo no estudiaba nada; solo sabía de fútbol. En Japón eso se valora, pero en España me dijeron: “Solo sabes de fútbol. Amplía tus intereses”.

Empezó a leer libros de distintos géneros y a aprender historia de otros países.

—Aprendí que conocer la historia de un país es incluso más importante que aprender el idioma.

Y, sobre todo, quería evitar que otros jóvenes pasaran por lo mismo.

Tras cerrar el segundo local en 2023, probó nuevas estrategias. Una funcionó especialmente bien: participar en eventos como Japan Weekend. Aprendiendo a base de errores, consiguió que su actividad empezara a ser rentable.

Después, cuando incluso eso dejó de ser estable, pasó al siguiente plan: takoyaki congelado, fácil de almacenar y preparar. En junio de 2025 alquiló una cocina central, apostando por el crecimiento antes incluso de tener grandes clientes.

—Ahora es más duro pagar, pero hay que moverse más y vender más.

Ocho años después, lo que ganó no fue solo resistencia mental: ganó habilidades concretas. Flexibilidad para cambiar de estrategia, capacidad de resolver problemas actuando, y la habilidad de construir redes humanas incluso en la adversidad.

Cuando le preguntan qué le diría a su yo de 24 años, responde sin dudar:

—Debí haber valorado más las relaciones humanas. Me obsesioné con crear un sistema y descuidé a las personas.

En redes, el éxito puede parecer continuo. Él prefiere ser honesto:

—Mi vida ha sido una sucesión de fracasos. Por eso quiero ser sincero.

En su web de estudios futbolísticos aparece un aviso en rojo:
“La liga española tiene un nivel muy alto y llegar al profesionalismo es extremadamente difícil.”
Un mensaje para los jóvenes… y también para él.

En 2025, Balón Tokio cumple su octavo año. Tras vagar en la oscuridad, por fin empieza a ver la luz de la rentabilidad. Y al final de la entrevista, Ryuta se dice a sí mismo:

Sin rendirme, daré todo de mí hasta el final.

¿Te apetece probar Balón Tokio?

La resiliencia también se celebra: con una cerveza, una plancha caliente y takoyaki recién hechos.

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